Héctor Simón, la perseverancia infinita

Publicado: 09/15/2011 en Jugadores
Etiquetas:, , , , , , , , , , ,

Un equipo acabado de subir a Segunda, el histórico Centre d’Esports Sabadell, sorprende en el inicio de Liga. Sus resultados -tres partidos, tres victorias- y su juego de toque, una apuesta valiente en una categoría tan dura, le han hecho ganarse el respeto de todos en apenas un mes de competición. En este bloque compacto, que apuesta por mover el balón rápido y bien, un centrocampista disfruta como nadie a los mandos del timón del conjunto de Lluís Carreras. Su nombre es Héctor Simón (Llançà, Girona, 13-03-1984) y la suya es una historia de superación personal que parece no tener fin. Después de recuperarse de un gravísimo accidente que estuvo a punto de dejarlo en una silla de ruedas, ha conseguido sobreponerse a un cúmulo de obstáculos para regresar al fútbol profesional. Unas trabas que a cualquier otra persona le hubieran hecho arrojar la toalla mucho antes de poder triunfar en el césped de la Nova Creu Alta.

Mucha gente conoce bien la primera parte de la historia de Simón, gracias al espléndido reportaje que elaboró el programa Informe Robinson. Corría el año 2005, y el entonces jovencísimo centrocampista jugaba cedido en el Racing de Ferrol cedido por el Espanyol. El club blanquiazul, con el que había debutado en Primera de la mano de Javier Clemente, lo mandó a Galicia para que se curtiera antes de integrarse definitivamente en la primera plantilla. Las cosas le iban de maravilla y era titular en un equipo modesto, que luchaba por eludir el descenso.  Quizá por eso, un fatídico 20 de diciembre, tras una importante victoria en Tenerife, los jugadores del conjunto gallego decidieron celebrarlo con un baño en la piscina del hotel. Héctor Simón se lanzó de cabeza  a la parte menos profunda de la piscina y se fracturó la primera vértebra, una lesión que podría haberlo dejado postrado en una silla de ruedas para siempre. Era el inicio de una lucha de dos años por recuperarse plenamente y volver a jugar a fútbol, algo que poca gente -doctores incluídos- dudaban que consiguiera.

Pero lo hizo. Dejó atrás las operaciones, los collarines y los corsés y, día a día, con un estricto entrenamiento en solitario, consiguió volver a calzarse las botas para jugar en el filial del Espanyol que, por aquel entonces, militaba con problemas en Segunda B. Así finalizaba la historia reflejada en el documento de Informe Robinson. Un final feliz, triunfal, lleno de esperanza, pero que, sin embargo, no era sino el inicio de una nueva lucha que se prolongaría durante tres años más. “Lo que he vivido después ha sido muy duro. Todavía más duro que la recuperación”, confiesa con franqueza, mirándome a los ojos, al repasar la trayectoria que le ha devuelto al fútbol de élite.

Este segundo calvario empieza en el verano de 2008. Simón todavía tenía un año más de contrato con el Espanyol pero, tras el descenso del equipo a Tercera, no tenía claro que jugar en esa categoría, contando ya con 24 años, fuera lo mejor para su recuperación. Así que decidió aceptar la oferta de Raúl Agné para formar parte de la plantilla del Girona, recién ascendido a Segunda. Sin embargo, todo se torció enseguida. “Me perdí la pretemporada por culpa de una lesión de ligamentos. Estuve dos meses de baja y, cuando volví, me costó mucho adaptarme”, asume. Un bloque compacto y, sobre todo, la falta de confianza, le cerraron las puertas de Montilivi. “Me sentía inseguro. Había pasado demasiado tiempo entrenándome en solitario y no estaba acostumbrado a la dinámica de equipo, a estar dentro de un vestuario. Y esa falta de confianza se notaba en el campo. Me faltaba la velocidad mental que determina si puedes jugar en Segunda o no”, reconoce. La apuesta de Agné por un doble pivote rocoso, formado por Jordi Matamala y Albert Dorca, acabó por cerrarle las puertas. Así que, tras renovar por un año, el conjunto rojiblanco lo cedió a la Cultural Leonesa, donde tampoco se pudo integrar. “Fue otra mala experiencia”, resume. “Llegué a un equipo que iba bien, segundo en la Liga, con un grupo muy cerrado… yo no estaba bien psicológicamente y no pude integrarme. El entenador casi no contó conmigo y no jugué demasiado”. 14 partidos, la gran mayoría entrando del banquillo, es el balance de su paso por León.

Con  ese bagaje discreto, el regreso a Girona se planteaba lleno de interrogantes. El cambio de entrenador (Cristóbal Parralo había sustituído a Agné) parecía beneficiarle, aunque Héctor tardó poco tiempo en descubrir que no era así. “Hablé con él en la pretemporada y me dijo que contaba conmigo y que me quedara, pero luego no me dio los minutos que creo que me merecía. Incluso, cuando me quedaba fuera de las convocatorias, su segundo, Jankovic, venía a darme explicaciones. Pero yo lo que quería era jugar”, recuerda. Con los ánimos por los suelos, tuvo que recurrir a una empresa de coaching para seguir luchando. “Fue una idea de Mágico [Díaz, su representante] y funcionó muy bien. Te ayudan a estar bien contigo mismo y te dan pautas para seguir creciendo”, explica. Aquello le ayudó a seguir hasta el mercado de invierno cuando, de nuevo, buscó una salida en la Segunda B. Un paso atrás que esta vez parecía definitivo. Y más, cuando reaparecieron las malditas lesiones. “Me fui al Benidorm, porque su míster, Rubi, me conocía de la etapa en el Espanyol, pero unas molestias en el abductor me impidieron jugar con regularidad. Era frustrante”, admite. Siete apariciones con el conjunto blanquiazul lo atestiguan. Después de eso, llegó el abismo: en verano, sin contrato, decidió operarse para buscar una última oportunidad antes de colgar las botas. “Mirándolo con distancia, cualquier otro hubiera dicho ‘lo dejo’, pero yo había sufrido demasiado como para rendime”.

Tras una recuperación a contrarreloj, la lucha entonces era encontrar un club que confiara en alguien que casi no había jugado en los dos años anteriores (cuatro, en total, si contamos la inactividad tras el accidente), así que no se lo pensó dos veces cuando el Castellón le propuso entrenarse a prueba con el equipo, a las órdenes de Jordi Vinyals. “Acabé fichando por cuatro duros”, reconoce, “porque se trataba de un club histórico, de una buena ciudad, con un buen campo y una gran afición, y era lo que estaba buscando”. Y las cosas le empezaron a salir, aunque el equipo atravesó por un mar de turbulencias que acabarían con su descenso a Tercera por la imposibilidad de pagar sus deudas, entre las cuales había las nóminas de los jugadores. “Sobreviví gracias a mis ahorros, pero ya casi me daba igual, porque volver a jugar después de todo lo que había pasado casi lo compensaba. Además, mantenerme en el equipo pese al cambio de entrenador [Casuco relevó a Vinyals] me dio más confianza si cabe”. Fue entonces cuando retrasó su posición hasta convertirse en un pivote defensivo, un centrocampista más completo, que volvió a llamar la atención de los clubs. Y cuando la suerte, que tantas veces le había dado la espalda, llamó a su puerta. El Sabadell, con el que ya tenía un precontrato, subió a Segunda. El fútbol profesional le daba una tercera oportunidad.

Ahora, cuando la vida le sonríe por fin, Héctor Simón reflexiona con calma sobre todo lo que le ha tocado pasar. “Todo esto me ha hecho más fuerte. Estoy recogiendo los frutos de todo lo que he ido sembrando. Y formo parte de un grupo donde hay mucha competencia, donde cada día tienes que estar al cien por cien. Pero lo tengo claro: no me sacan del once ni a punta de pistola”, explica, exhibiendo una amplia sonrisa; “Mi experiencia me sirve para saber cuidarme más, para disfrutar más del fútbol”. Ahora bien, su ambición no acaba aquí. Compagina su trabajo en el Sabadell con el curso de segundo nivel de entrenador, para seguir vinculado a la pelota cuando todo acabe. Aquel maldito accidente, que le robó casi cinco años de carrera, está casi olvidado, salvo en una situación muy concreta. “Sólo me acuerdo de ello cuando voy a ver al Espanyol. Me cuesta mucho, porque pienso que yo podría estar allí. Es la espina que tengo clavada. Pero luego veo a una persona en silla de ruedas y sé que también me podría haber tocado estar así y sé que no me puedo quejar”, reflexiona. Con 27 años, habla con la madurez de quien sabe disfrutar de todo lo bueno que pasa en la vida. Y para Héctor Simón, lo bueno, ahora, está en Sabadell. 

About these ads
comentarios
  1. Jordi No Díaz dice:

    Sólo las personas que aman el fútbol como tú, Héctor, han podido seguir adelante después de sufrir lo que tú has sufrido.
    Eres un ejemplo para los que han sufrido o sufren un accidente parecido al tuyo de que nunca se deben rendir ante cualquier adversidad.
    Muchos ánimos de alguien que siempre te ha seguido de cerca y te seguirá.
    Un saludo,
    Jordi No Díaz

  2. [...] su lado, Héctor Simón pondrá la calma. Sabe, por experiencia, que aunque las cosas pinten mal, aunque todo parezca [...]

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s