Aitor Tornavaca, el viajero del tiempo

Publicado: 10/19/2011 en Jugadores
Etiquetas: , , , , ,

‘Doc’ Emmet Brown ya tiene listo el Delorean. El condensador de fluzo está preparado para impulsar el coche que nos llevará al pasado, para conocer de cerca el origen de la historia de un jugador excepcional. Será un viaje a un pasado reciente, aunque a la vez muy lejano. El día en que un chaval de 19  años llamado Aitor Tornavaca (Vitoria, 24-03-76)  debuta en el fútbol profesional de la mano del Sporting de Gijón. El día en que comienza una carrera en el fútbol profesional que se mantendrá viva 16 temporadas. Que superará los 400 partidos jugados… y que todavía dura.

Pongámonos en situación. Es octubre de 1995. En España, los teléfonos móviles tienen todavía una escasa implantación. Acaba de aparecer una nueva empresa, Airtel, decidida a lanzarse al mercado que, hasta entonces, controlaba Telefónica en exclusiva. Microsoft acaba de lanzar su sistema operativo Windows 95, que recomienda poseer un PC con un procesador 486.  El Barça de Johan Cruyff está en pleno proceso de desmantelamiento. Kodro, Hagi, Prosinecki y un jovencísimo Luis Figo son sus extranjeros. El Atlético de Madrid de Antic, Kiko, Molina, Pantic, Penev y compañía está dando sus primeros pasos hacia el doblete. El Madrid empieza la Liga con Valdano, pero la acabará con Arsenio Iglesias en el banquillo. En Segunda, equipos como el Écija, el Logroñés, el Toledo, el Marbella o el Extremadura se baten el cobre cada semana. En la televisión se anuncian productos como el Seat Córdoba, el vino Don Simón en tetrabrick o el estimulante sexual Tauritón. Un recital de nombres que suenan a prehistoria. Y que ayudan a engrandecer la leyenda de un jugador discreto, al que le cuesta hablar de sí mismo.

“Probablemente, sabrás tú más que yo de datos y de partidos concretos”, se excusa, nada más comenzar la charla, aunque acto seguido es capaz de evocar a la perfección el día en que debutó con el primer equipo del Sporting. Jugaba en el filial y, ante las bajas de los hombres de banda izquierda habituales, Tomás y el rumano Sabou, el técnico argentino Ricardo Rezza decidió confiar en él para un duelo ante el Valladolid. El debut soñado: los asturianos ganaron 4 a 2 y el joven Aitor marcó uno de los tantos del equipo. Sin embargo, la suya con el Sporting no es una historia de éxito. Nunca llegó a triunfar de rojiblanco y, tras cesiones y alguna temporada discreta en el Molinón, le comunicaron que no seguiría. Fue entonces cuando comenzó un periplo  de 11 años que le ha llevado desde Jaén hasta Huelva, pasando por Eibar, promediando más de 30 partidos por curso. Un ejemplo de regularidad casi inaudito. Y fortuíto, en cierto sentido. “Lo mío es un auténtico milagro. Nunca me ha gustado el trabajo de prevención de lesiones, ni el gimnasio. ¡Si ni siquiera hago estiramientos, solo los justos!”, confiesa, entre risas. “El secreto de tanta longevidad deportiva es, en parte, a mi versatilidad. Habitualmente he jugado de interior zurdo, pero también me adapto a la derecha, al lateral e incluso he jugado de pivote. Y claro, me han respetado las lesiones. Procuro cuidarme mucho, pero si te paras a pensar, es un caso poco habitual. Gente como Donato o Mauro Silva, que también aguantaron mucho, eran centrocampistas con otro perfil”, reconoce.

En todo este tiempo, ha tenido varios centenares de compañeros. Pero no duda en mencionar el que le ha impresionado más. “Lo recuerdo perfectamente. Un día de pretemporada empezamos a entrenar y apareció un chico increíble. La tocaba con las dos piernas, la protegía de fábula y era imposible robarle el balón. Era rápido, las ponía bien… pensé: ‘como tenga que competir con este tío por el puesto, estoy apañado’“. El chico se llamaba Santi Cazorla y fue, junto con el propio Aitor y el francés Sinama Pongolle, uno de los pilares de un equipo que firmó una brillante campaña en Primera. Pero también hay otros nombres que no se olvida de destacar. “Me quedo con la calidad de Viqueira, Lediakhov, Uche y un chavalín llamdo Vicente, con el que coincidí en el Levante, en Segunda B, y que ya tenía claro que triunfaría en el Valencia“. No es muy proclive a explicar anécdotas -pese a que un vestuario es una fuente inagotable- pero apunta un nombre: “Óscar Díaz, el que juega ahora en el Xerez. Es un espectáculo. Está ‘colgao’”.

En el Recreativo de Huelva vive su octava temporada. Es el capitán, un referente del club para todos los seguidores y la prensa local. Pero a veces, a pesar de la gran regularidad que ha demostrado en las últimas campañas (39 y 37 partidos, respectivamente), la edad no deja de ser un lastre para algunos. “Es evidente que sigo en forma, porque paso todas las pruebas físicas, pero con 35 años no te puedes permitir tener un mal partido. Enseguida lo achacan a la edad. Y algunos comentarios duelen, sobre todo si los oyes  en tu propio estadio”, admite. Pese a todo, su ascendencia en Huelva es indiscutible y ejerce de capitán con autoridad, como cuando comunicó al club que la plantilla no se entrenaría más sin la presencia de un médico en las sesiones. Lleva los galones con naturalidad, aunque evita convertirse en tutor de los recién llegados. “No me gusta meterme en la vida de los demás. Cuando yo era joven no me gustaba que me dijeran lo que tenía que hacer y, por lo tanto, ahora tampoco lo hago. Nadie tiene que ser más que nadie. Como mucho, doy algún consejo táctico y poco más”, resume. Además, en un vestuario tan renovado y joven como el del Recre, no puede evitar sentir ciertas diferencias generacionales. “Todo ha cambiado muchísimo. He perdido a compañeros con los que tenía mucha amistad y ya no queda nadie de mi edad. Ellos son solteros, jóvenes… viven a un ritmo diferente”, explica.

El curso ha empezado tranquilo para el Recre y también para Aitor, que ha participado en seis partidos de Liga, cinco de ellos como titular. No obstante, parece que el final de esta trayectoria tan meritoria está cerca. “Todavía no hay nada decidido al cien por cien, pero hay muchas opciones de que este sea mi último año en Huelva. Mi idea es volver a Gijón con mi mujer y mis dos hijas, y seguir jugando, pero a un nivel menos exigente. Me gusta estar allí porque no me conoce nadie y nunca ha sido de mi agrado la exposición pública”, confiesa. Si finalmente se acaba cumpliendo, la Segunda perderá a un histórico de la categoría. Un hombre discreto, que se irá sin hacer ruido. “La gente tiende a recordar a los goleadores. Y yo soy un jugador de equipo. No me preocupa”, resume. Aitor Tornavaca, el viajero del tiempo, prepara poco a poco su último trayecto.

About these ads
Comentarios
  1. uno de OURENSE dice:

    TREMENDOS REPORTAJES

    MUCHO EXITO YA VAN 123, ANTES DE FIN DE AÑO HABRA SEGURO MAS DE 500

    • Àlex Pareja dice:

      ¡Muchas gracias amigo! Los seguidores en el Twitter son importantes, se agradecen, pero lo principal es que la gente se lea los artículos con el mismo interés con que lo haces tú.

      Hoy ha habido récord de visitas. Seguro que tienes parte de culpa…

      ¡Un abrazo!

  2. [...] de su última composición, relajado, consciente de que la calidad no se pierde con los años. Como Aitor Tornavaca, recién llegado de 1995 con su Delorean, dispuesto a una última carrera por la banda. Más [...]

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s