Kevin Spacey, caracterizado como el enclenque Verbal Kint, inicia su relato en la comisaría, sentado frente a un incrédulo Chazz Palminteri. Hablan de un criminal feroz, temible, pero, sin embargo, invisible. Un mito: Keyser Soze. Entonces, Spacey levanta la mirada y pronuncia una de las frases más célebres de la historia reciente del cine: “El mejor truco que el Diablo inventó fue convencer al mundo de que no existía”. Estamos hablando, obviamente, de Sospechosos Habituales, la película con la que Bryan Singer golpeó a todos en 1995. Aquel tullido y tímido Spacey nos guía por un relato apasionante, en el que el final nos depara un giro sorprendente, en el que esa misma frase toma un cariz clave en toda la trama. Al espectador que la descubre por primera vez se le queda la misma cara de bobo que al bueno del agente de aduanas. Adiós, taza de café… Todo encaja tarde, demasiado tarde.
Con David Miguélez (Gijón, Asturias, 05-05-1981) ocurre algo parecido. Le llaman ‘El Mago’, pero nada a simple vista parece delatarle: si no fuera por el uniforme de futbolista que se enfunda cada fin de semana, podría pasar por panadero, conductor de autobús o el encargado del supermercado del barrio. Un tipo de lo más normal. Incluso vestido de jugador destaca por su sobriedad. Nada de botas de colores extremadamente rampantes; nada de tatuajes; nada de peinados extravagantes. Ni siquiera un físico potente o un dorsal ‘estrella’ -luce el 18- alerta sobre el peligro que es capaz de provocar. Pero cuando toca el balón, todo cambia. Y ahora la afición del Alcorcón ya lo sabe. La Segunda División tiene esta temporada un debutante de excepción. Un hombre que, a los 30 años, ve cumplido el sueño que tantas veces pareció escaparse en el último momento.



