Había estado en muchas ruedas de prensa, no era ningún niño. Pero cuando Jaime Jiménez (Valdepeñas, Ciudad Real, 10-12-1980) escuchó la primer pregunta, se le congeló la sonrisa. Lo que se suponía un trámite amable, su presentación como jugador del Real Valladolid, se convirtió en una auténtica prueba de fuego para el portero. Las heridas de la primera ronda del playoff de ascenso a Primera entre el Elche y el Valladolid, apenas un mes antes, todavía estaban muy abiertas. En el partido de vuelta, tras la remontada ilicitana (los castellanos habían ganado 1-0 en la ida y dominaban por 0-1 un encuentro que finalmente acabarían perdiendo 3-1), la afición pucelana se enervó con las lesiones de los jugadores de Pepe Bordalás en los minutos finales. Acciari, Xumetra y el propio Jaime cayeron al suelo, víctimas de supuestas rampas musculares, en medio de las protestas de los jugadores blanquivioletas, que interpretaban una flagrante pérdida de tiempo. La eliminación -y las tretas- habían quedado grabadas a fuego en mucha gente, que ni olvidaba ni perdonaba. Por eso, cuando se abrió el turno de preguntas en la sala, lo primero que se escuchó fue:
-Jaime, ¿Cómo estás de tu tirón? ¿Recuperado ya de tus problemas musculares?
El portero salió del entuerto como pudo. Pero todavía le quedaban dos dardos más:
-¿Ordenó Pepe Bordalás a sus jugadores que se tiraran al suelo para perder tiempo?
-¿Crees que en el mundo del fútbol todo vale?
Ni rastro de las típicas preguntas amables, las buenas intenciones que acostumbran a adornar este tipo de actos. Djukic, el nuevo entrenador vallisoletano, no entendía nada. Como tampoco lo hacía Dani Aquino, el otro fichaje que se ponía de largo ese caluroso día de julio. Pero si de algo va sobrado Jaime es de reflejos. Miró a los ojos a sus interlocutores, despejó de puños la hostilidad, se estiró para forzar las buenas palabras y puso la primera piedra para meterse a su nueva afición en el bolsillo lo más pronto posible. ”Me quedé helado. No me lo esperaba. Había un fuerte sentimiento de resquemor hacia el Elche por lo que había pasado en el playoff. No pensaba que fuera a perdurar tanto. Sin embargo, no me preocupó en absoluto. Había llegado dispuesto a darlo todo por mi nuevo equipo”, relata, al recordar el episodio. Y si Jaime se propone algo, denlo por hecho: tarde o temprano lo consigue.
Como el día que decidió ser portero. La elección estaba cantada, era una pura cuestión de herencia genética. Su padre también fue arquero en varios equipos de Tercera. Y siempre que jugaba, detrás de la portería había un niño observándole, analizando hasta el más mínimo detalle. “Intentaba imitarle. Incluso cuando le chutaban a portería, yo me tiraba también por detrás. Me inculcó el gusanillo y luego fue él el que me enseñó todos los fundamentos técnicos para ser un buen portero”, asegura. Así empezó su historia, intentando emular un ejemplo paterno que pronto se vería superado. Porque a los 17 años ya era titular en Tercera en el Valdepeñas y recibió la llamada de la selección española Sub-18. No pasó de entrenarse con el combinado que entonces dirigía Iñaki Sáez, pero la convocatoria le valió para despertar la atención de varios clubs. Finalmente, fue el Valencia el que lo contrató para el filial. Era el punto de partida de una carrera larga y nada fácil. Alejado de casa, a la sombra de Jonathan, el que estaba llamado a ser el sucesor de Cañizares, no tuvo demasiadas oportunidades en el Mestalla. Al año siguiente, la cesión al Nàstic de Tarragona le sirvió para ganar experiencia al lado de Oliva y para presumir de formar parte de la plantilla que conseguiría el ascenso a Segunda División. Pero él lo que quería era jugar. Y por eso no dudó en rescindir el año de contrato que le quedaba en el Turia y firmar por el Mallorca.
Allí siguió una rutina un tanto estresante, pero tremendamente efectiva: jugaba en el equipo de Tercera División, el Ferriolense; era el reserva de Alberto Cifuentes en el Mallorca B y, durante la semana, se ejercitaba con el primer equipo, al lado de Leo Franco, el ‘Mono’ Burgos y Carlos Roa. Un cursillo acelerado en el que Jaime intentaba asimilar cada pequeño detalle. “Aprendí muchísimo. Entrenarse con jugadores de ese nivel te hace crecer”, afirma. Y creció tanto que en un año ese rol ya se le quedaba pequeño. Empezó, entonces, un peregrinaje por la Segunda B. Quería ser cabeza de cartel y esa categoría -el limbo futbolístico, tan cerca y a la vez tan lejos del fútbol profesional- era el peaje que había que pagar, lejos de la protección de los filiales a la que se había acostumbrado en los filiales. Le tocó curtirse en el Zamora, en el que destacó como el portero menos goleado y en el que llegó a disputar su primer playoff de ascenso. Todo parecía idílico, hasta que despertó el interés de equipos de Primera, como el Valladolid o el Deportivo, y llegó el primer desengaño: el presidente del club se descolgó pidiendo mucho dinero. “Se me escapó el primer gran tren de mi carrera. Sería el signo de lo que vendría después. Siempre he tenido que volver a empezar”, reflexiona. Y así fue, porque sólo unas pocas semanas depués de aquello, con la relación con el Zamora totalmente deteriorada, acabó recalando en el Ceuta. Más años de limbo. Dos, en concreto, que supusieron finalmente el salto hacia adelante que llevaba buscando desde hacía tanto. El salto al fútbol profesional.
“Había unos cuantos equipos interesados, como el Albacete o el Elche, pero finalmente me decidí por el Ciudad de Murcia. Sabía que iba a ser el suplente de José Juan, que estaba consagrado en la categoría. Aunque no me conformaba con eso”, resume. Dicho y hecho. Al cabo de pocas jornadas ya era titular y se destapaba como una de las revelaciones del campeonato. Pero la historia, que es caprichosa, se repitió: el equipo se quedó a las puertas del ascenso y de nuevo las exigencias económicas del presidente -en este caso, Quique Pina- frustraron su traspaso a un conjunto de Primera. “El Betis llegó a ofrecer 300.000 euros por mi traspaso, pero Pina lo consideró insuficiente. Y se escapó el segundo tren”, recuerda. Una lesión en la mano, al año siguiente, le retiró del escaparate. Y la transformación del equipo en el Granada 74 tampoco fue una buena experiencia. En medio de un ambiente enrarecido, con infinidad de problemas e impagos, una plantilla plagada de buenos jugadores y que había empezado la Liga como un tiro acabó bajando. Jaime, entonces ya con 27 años, debía empezar de nuevo otra vez. Y el destino le jugó otra mala pasada.
“Me llamaron del Elche, pero no quería ir allí porque estaba Willy Caballero, que sabía que era indiscutible. Sin embargo, ante la insistencia de David Vidal y las promesas de los directivos, que me aseguraban que el argentino estaba traspasado al Trabzonspor turco, me acabaron convenciendo”, explica. Firmó por tres campañas, pero a las tres semanas ya se estaba arrepintiendo. Caballero no se fue a ningún lado y, después de estar toda la pretemporada lesionado, empezó la Liga de titular. Jaime se quería morir en el banquillo. “No me da miedo competir con nadie, pero sabía que estando él, con la tremenda influencia que tenía en el club, lo tenía muy complicado”, remata. Y así fue. Pasó dos temporadas a la sombra del argentino y, para acabar de complicar el panorama, por dos lesiones de rodilla. Tenía 29 años y parecía que su carrera había empezado a languidecer, pero entonces, de la mano de las necesidades del Málaga en el mercado de invierno, le llegó una última oportunidad. Caballero abandonaba el Elche para poner rumbo a la Costa del Sol, a dorarse en Primera al calor de los petrodólares. Y Jaime estaba allí para aprovecharlo. “A Caballero le tocó el Euromillón, pero lo mío fue la Primitiva”, bromea, aunque no le falta razón. En su primer partido, en el campo del Betis, el Elche, que entonces coqueteaba peligrosamente con los puestos de descenso, dio la sorpresa y venció 1 a 4. Y para colmo, Jaime detuvo un penalti a Emana. No fue casualidad, había muchas horas de trabajo detrás. De una dedicación casi obsesiva.
“Tengo el título de nivel uno de entrenador, además del de preparador de porteros, Y hace ya muchos años que tengo una videoteca particular con la que estudio a los rivales. Monto mis propios vídeos, en el que recopilo las acciones de los lanzadores. Siempre son los mismos, así que no es muy complicado. Curiosamente, he detectado que muchos de ellos cambian cada año la dirección de sus lanzamientos. Y estudio sus gestos, sus carrerillas… así puedo intuir mejor hacia dónde tirarme. Y no se me da mal”, explica. La presencia de Jaime coincidió con la reacción estratosférica del Elche, que se acabó metiendo en el playoff después de hacer una segunda vuelta casi inmaculada. Y así, después de dejar en la cuneta al Valladolid, en la ida de la final de la promoción llegó el gran momento del de Valdepeñas. En Granada, con 0 a 0 en el marcador y después de un partido espléndido, detuvo por dos veces un penalti a Abel en el tiempo de descuento. El escaparate soñado, la notoriedad mediática, llamaban por fin a su puerta. Aquella semana casi concedió más entrevistas que en toda su carrera. Y aunque el Elche se quedara a las puertas del ascenso -nada nuevo para él- se le abría un amplio abanico de ofertas.
“El Elche me quiso renovar y los aficionados presionaron mucho para que lo hiciera, pero no nos pusimos de acuerdo”, reconoce. Sonaron muchos equipos, algunos de Primera, como el Levante (que finalmente contrató a Keylor Navas), el Betis (que se hizo con Fabricio) o el Mallorca. Pero finalmente firmó por un Valladolid que había sido víctima de su agilidad bajo palos y que le ofrecía un contrato de dos años más un tercero opcional. Y allí, tras aquella primera rueda de prensa accidentada, se dedicó a hablar en el campo. Sus paradas han convertido al equipo de Djukic en uno de los menos goleados del campeonato y los mismos aficionados que el primer día le miraban con desdén se deshacen, tan sólo unos pocos meses después, en elogios. Aquel reto está superado, pero ahora queda otro más importante: llegar a Primera.
Lo consiga o no, Jaime no parece ser de los que deban preocuparse demasiado por su futuro una vez acabe su carrera. Diplomado en Empresariales y a seis asignaturas de conseguir el Grado en Administración y Dirección de Empresas, el portero ya empieza a pensar más allá. Acaba de fundar su propia empresa, orientada a asesorar a los futbolistas a la hora de gestionar su patrimonio. “Por mi propia experiencia, sé que hay jugadores que después de colgar las botas se encuentran con la sensación de que deberían tener más dinero en el banco. Y nosotros proponemos, después de un estudio previo de cada caso, la mejor forma de optimizar sus inversiones, para que el día de mañana tenga más tranquilidad”, detalla, entusiasmado. Si le pone la misma dedicación que al estudio de los lanzadores de penaltis, llegará lejos. Testarudo como pocos, hace años que se propuso triunfar. Y no parará hasta conseguirlo, de una forma u otra.


Molt bona història, jugadors així no n´hi han gaires per desgràcia. I un porter sempre es molt especial, viu un cara o creu cada temporada… Enhorabona per la feina
Cada dia me gusta mas este blog. Se cuentan cosas muy interesantes y con una manera de escribir muy profesional. Enhorabuena y sigue asi.
Muchísimas gracias, Jony! Es una alegría recibir un comentario en el blog. Y si encima es de este tipo, mucho mejor. Intento ofrecer cosas interesantes cada semana. Y celebro que os guste. Da ánimos para seguir con el proyecto.
Pere, igualment. Moltíssimes gràcies per comentar el bloc. Quan arriba un comentari d’un company, també és una alegria doble.
Apa, a preparar el de la setmana que ve!
Muy grande este blog. La Segunda División es el fútbol de verdad, más ‘mortal’ y más cercano al verdadero aficionado. Te recomiendo buscar alguna historia en el Córdoba (aparte de la de Quero, que ya leí). Jugadores como Gaspar, López Garai y sobre todo Charles tienen un bagaje muy interesante de analizar. Enhorabuena por la idea y aquí seguiré leyéndote cada semana
Muchísimas gracias por el comentario, Rafa! Hace años que sigo la categoría y echaba de menos un sitio donde pudiera conocer mejor las grandes historias que hay en este fútbol que, como dices, es mucho más real, más auténtico que el de los grandes estadios. Así que me decidí a hacerlo yo mismo.
Tomo nota de tu sugerencia. Me quedan algunos equipos por tocar, pero sé que en el Córdoba hay buen ‘material’.
¡Un abrazo y gracias de nuevo!
Siguiendo la sugerencia de Rafa Cano, quizas Mariano Sanchez (Cartagena) o Jose Ortiz Bernal (desde el 2001 juega en el Almeria tras un breve paso por Italia) tengan historias interesantes.
Gracias compañero! Es curioso, a los dos hace tiempo que los tengo en “lista de espera”. Ambos son un ejemplo de fidelidad y compromiso. Han crecido al mismo ritmo que el club. Y encima, Mariano es arquitecto… Hay ganas de charlar un rato con él.
Se agradecen muchísimo las sugerencias. Tener ‘feedback’ con la gente es espectacular. Un abrazo.
Mi mayor enhorabuena por este artículo y por el blog en general.Solo corregirte un pequeño detalle, cuando el Elche ganó en Sevilla (1-4) ya habia empezado el vuelo hacia el play off.Sigue así,quisiera a poder ser, que hicieras algunas mas de entrenadores.Un saludo.