Archivos para 06/15/2012

“Ni siquiera recuerdo cuándo me regalaron mi primer balón. En casa siempre había uno. Es más, estoy convencido de que en la panza de mi madre ya jugaba al fútbol”. Así, medio en broma, medio en serio, relata el punta del Córdoba Charles Días Barbosa de Oliveira (Belem, Brasil, 04-04-1984), más conocido como Charles Brau, su primer contacto con el deporte que ha marcado su vida. La herencia futbolística, esa especia de lotería caprichosa que ha ninguneado a apellidos ilustres -recuerden al hijo italiano diestro de Maradona, por ejemplo- en su caso resultó infalible Y era normal. Había comprado todas las papeletas. “Mi abuelo por parte de madre fue futbolista en el Paysandu, uno de los clubs más célebres de mi región. Mi tío llegó a jugar en el Fluminense. Y mi padre también fue jugador profesional, así que en casa no se habla de otra cosa”, explica, risueño, este delantero nómada, que ha pasado más de media vida a miles de kilómetros del lugar donde nació. Y que también ha llegado a formar tridente delantero con dos de sus primos, una combinación extremadamente rara en el fútbol profesional.

“En realidad soy una mezcla. Tengo un poco de todo. Soy brasileño, pero también me siento portugués, porque he vivido mucho tiempo allí, y español”, resume. Y no le falta razón. La familia de Charles se mudó a Portugal cuando el chico sólo tenía cuatro años para seguir la carrera profesional del padre, un extremo rápido y habilidoso llamado Careca que militó, entre otros, en el Paços de Ferreira. Allí estuvieron siete temporadas. Después regresaron a Brasil cuando Charles contaba 11 años y ya pateaba balones con el mismo empeño que, con el tiempo, le ha llevado a ser un goleador habitual de nuestro fútbol. “Mi estilo es europeo, he tenido muchos compañeros e incluso algún entrenador, como Lucas Alcaraz, que me han dicho que debo ser el único brasileño con ganas de entrenar del mundo”, bromea. Su fútbol, de hecho, se asemeja poco al de sus compatriotas. Charles es un delantero brillante, sí, pero también extremadamente trabajador. Un auténtico incordio para los defensas, a los que no deja ni un segundo de presionar cuando tienen el balón.

El paso por su país fue corto pero intenso. Tuvo tiempo de pasar por las categorías inferiores del Santos, donde coincidió con Robinho. “Nunca pensé que pudiera triunfar. Era muy bueno, pero también muy enclenque. Le faltaba mucho cuerpo, el trabajo físico que han hecho con él es increíble”, admite. Después, militó en el Tuna Lusa, otro equip de renombre de fútbol base, donde no tardó en llamar la atención de unos representantes que buscaban jugadores… para llevarlos a Portugal. Así que, sólo seis años después, emprendió el camino de regreso al lugar donde se había criado. Esta vez, para convertirse en hombre.

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