
‘Doc’ Emmet Brown ya tiene listo el Delorean. El condensador de fluzo está preparado para impulsar el coche que nos llevará al pasado, para conocer de cerca el origen de la historia de un jugador excepcional. Será un viaje a un pasado reciente, aunque a la vez muy lejano. El día en que un chaval de 19 años llamado Aitor Tornavaca (Vitoria, 24-03-76) debuta en el fútbol profesional de la mano del Sporting de Gijón. El día en que comienza una carrera en el fútbol profesional que se mantendrá viva 16 temporadas. Que superará los 400 partidos jugados… y que todavía dura.
Pongámonos en situación. Es octubre de 1995. En España, los teléfonos móviles tienen todavía una escasa implantación. Acaba de aparecer una nueva empresa, Airtel, decidida a lanzarse al mercado que, hasta entonces, controlaba Telefónica en exclusiva. Microsoft acaba de lanzar su sistema operativo Windows 95, que recomienda poseer un PC con un procesador 486. El Barça de Johan Cruyff está en pleno proceso de desmantelamiento. Kodro, Hagi, Prosinecki y un jovencísimo Luis Figo son sus extranjeros. El Atlético de Madrid de Antic, Kiko, Molina, Pantic, Penev y compañía está dando sus primeros pasos hacia el doblete. El Madrid empieza la Liga con Valdano, pero la acabará con Arsenio Iglesias en el banquillo. En Segunda, equipos como el Écija, el Logroñés, el Toledo, el Marbella o el Extremadura se baten el cobre cada semana. En la televisión se anuncian productos como el Seat Córdoba, el vino Don Simón en tetrabrick o el estimulante sexual Tauritón. Un recital de nombres que suenan a prehistoria. Y que ayudan a engrandecer la leyenda de un jugador discreto, al que le cuesta hablar de sí mismo.
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