Se ha pasado toda su vida cazando goles en los campos de Segunda B y Tercera. Pero, de pronto, la vida le ha ofrecido una jugosa oportunidad. Aníbal Zurdo (Villahermosa, Tabasco, 03-12-1982), en su año de debut en Segunda con el Guadalajara, ha sido una de las revelaciones del campeonato. Ha conseguido ocho tantos y ahora, con casi 30 años, su buena campaña le ha puesto en la órbita de la selección… mexicana. Sí, sí, no hay ningún error: mexicana. Porque este delantero rubio, alto, delgado y de acento castizo nació en el Estado de Tabasco, México, fruto de la casualidad. Dicen que el Tri anda tras sus pasos, y él está encantado. No lo descarten formando dupla algún día con el Chicharito Hernández.
Sus padres ni siquiera habían pensado en emigrar. Es cierto que la situación española de principios de los ochenta no era para tirar cohetes, pero aquel viaje, en principio, se trataba de una simple visita familiar, el reencuentro entre dos hermanos separados por el océano Atlántico. Sin embargo, cuando los padres de Aníbal Zurdo comprobaron que en México había trabajo y podían alcanzar un buen nivel de vida, no lo dudaron. Y lo que en principio era un viaje de verano acabó alargándose cuatro años. “Mis padres fueron a visitar a mi tío, el hermano de mi madre, que había emigrado hacía años y al cual las cosas le habían ido bien. Tenía una fábrica. Y cuando vieron que allí podían estar mejor, decidieron quedarse. Así de fácil. Al poco tiempo, nací yo”, explica, casi de carrerilla. Se nota que ha tenido que contar la historia unas cuantas veces en estos últimos meses. La prensa mexicana, desde que descubrió sus orígenes, no ha dejado de difundir la historia de este delantero robusto, poderoso en el juego aéreo y con más habilidad de la que aparenta su figura, un tanto desgarbada. Y que ahora deshoja la margarita del destino con la tranquilidad de haberse ganado un buen contrato tras una carrera llena de esfuerzo.

