El olor a césped recién cortado inunda el ambiente, mezclándose de inmediato con el que arrastran los jugadores desde la caseta: una mezcla de colonia, sudor y linimento para calentar los músculos. Los ruidos de los tacos de aluminio -tack, tack, tack- repiquetean en el túnel de vestuarios, en una percusión hipnótica, que pretende exorcizar el miedo que atenaza la boca del estómago, que impide pensar con claridad.
Los once elegidos sólo pueden visualizar mentalmente imágenes, flashes que pasan a velocidad de vértigo por sus cabezas. El partido ideal. Los momentos clave que puedan resolver para convertirse en héroes de la historia de 90 minutos que están a punto de escribir.

