Cuando los aficionados del desaparecido Ciudad de Murcia leyeron, en el verano de 2005, que su equipo había fichado a un delantero sueco, procedente del Udinese, muy pocos podían imaginar qué clase de jugador acababa de aterrizar en nuestro fútbol. Llegaba, para quedarse, un futbolista atípico, dentro y fuera del campo. Un auténtico personaje con multitud de aspectos que lo hacen interesante, diferente. Y es que Henok Goitom (Solna, Suecia, 22-11-1984) es un jugador imposible de catalogar: es sueco, sí, pero su piel oscura revela unas raíces eritreas de las que se siente muy orgulloso. Es delantero, pero en las dos últimas temporadas tan sólo firmó un gol por curso. Es presidente de un club de fútbol amateur formado por inmigrantes en Husby, el barrio donde creció. Es un hombre de negocios. Y, además, es una auténtica celebridad en Twitter: más de 22.000 personas siguen las aventuras de un hombre sin pelos en la lengua… ni en el teclado. Divertido, valiente. Querido casi tanto como odiado. “Estoy cumpliendo el sueño de mi vida, por eso nada me puede afectar”, resume. Y así es. Sus tweets son de todo menos aburridos. Alejados de lo que los futbolistas comunes publican de manera rutinaria. “Muchos no explican cosas porque tienen miedo de los periodistas. Pero tú no puedes estar pendiente de lo que diga la gente sobre ti. Deberías estar contento de ser futbolista y tener dinero suficiente como para no tener que trabajar más. A mí no me importa que los periodistas copien o juzguen mis tweets. Primero, porque no leo ni el Marca ni el As. Y segundo, porque se trata de mi vida. Y yo soy muy feliz con ella”, apunta. Así, sus followers pueden estar al caso de sus partidas al Football Manager, de sus opiniones políticas o, incluso, de si un compañero se ha tirado un pedo en el autocar del equipo.
Pero no se dejen eclipsar por el personaje. Tras él se esconde un futbolista que ha trabajado duro para llegar a asentarse en el fútbol profesional. Que superó una infancia en un entorno complicado gracias a pachangas interminables con los amigos y que luego, tras una mala experiencia en Italia en la que estuvo a punto de arrojar la toallla, encontró refugio al calor del sol murciano. Sus goles son escasos, pero la mayoría van directos a la videoteca . Esta es la historia de, probablemente, el jugador más especial de toda la Segunda División.

